jueves, 3 de febrero de 2011

Un algo de algo


A Norita

La verdad es que yo poco sé de la vida.

Si alguna vez llegara a saber qué es la vida,

probablemente sería sólo para enamorar

a alguien, o para pintar pajaritos de agua

en una nube.

Y aunque no sepa con certeza

qué es la vida, sé que Vivir es magnífico.

Puede que haya cosas más importantes en la vida,

como aguardar a la muerte

sentado en una mecedora, o enfurecerte

contigo mismo –o misma- por lo mal

que están las cosas en el mundo;

o darte latigazos porque tu vida está pasando

y no haces nada con ella,

o hacer tus filas en los bancos

y cumplir con tus deberes y

necesidades; sea lo que sea.

No importa, la verdad,

porque de todas formas

vivir es lo que más me gusta de la vida.

Es que… cómo te explicara…

Para mí vivir es… pintar rayitas en la pared

cuando mamá no está mirando;

sacar a volar peces multicolores

de una plasta de boñiga,

o de una mancha de humo

en el asfalto;

ser como un astro que corre

sin espejo y sin sombra… y sin marcos;

Caminar, caminar y encontrarse con la vida.

Es que, la vida -creería yo-

es una metáfora de algo,

un algo de algo

más grande y más pequeño

del otro mundo; y de este.

La vida es tan enorme que

para sí misma es diminuta,

y no alcanza a contenerse;

de hecho…

no contiene casi nada

salvo la ausencia de sí,

que por cierto es gigantesca;

y así hasta la espiral.

Yo no sé qué diablos es o sea la vida;

pero me atrevo a suponer

que la vida… está más allá de ella misma.

Igual…, apuesto a que todo esto

tú ya lo suponías.

Charles Ruhán


lunes, 31 de enero de 2011

Olvido





Se me olvidó tu nombre,
no recuerdo
si te llamabas luz o enredadera,
pero sé que eras de agua
porque mis manos tiemblan cuando llueve.

Se me olvidó tu rostro y tu pestaña
y tu piel por mi boca transitada
cuando caímos bajo los cipreses
vencidos por el viento,
pero sé que eras luna
porque cuando la noche se aproxima
se me rompen los ojos
de tanto querer verte en la ventana.

Se me olvidó tu voz, y tu palabra,
pero sé que eres música
porque cuando las horas se disuelven
entre los manantiales de la sangre
mi corazón te canta.


Carlos Medellín

martes, 25 de enero de 2011

Viaje Alado




Hoy me acerco a tu alma
con las manos amarillas de pájaros,
la mirada corriendo por el cielo,
y una leve llovizna entre mis labios.

Saltando claridades
he recogido el sol de los tejados,
y una nube ligera que pasaba
me prestó sus sandalias de aire blando.

La tierra se ha colgado a mis sandalias
y es un tren de emoción hasta tus brazos,
donde las rosas sin querer se fueron
unidas a la ruta de mi canto.

La tragedia del mundo
de mi senda de amor se ha separado,
y hay un aire muy suave en cada estrella
removiéndome el polvo de los años.

Hasta mi cara en vuelo
las cortinas del mar se me treparon
y mis ojos se unieron a los ojos
de todas las pupilas del espacio.

Anudando emociones
sorprendí una sonrisa entre mis manos
caída desde el pájaro más vivo
que se asomó a mirar mi viaje alado.

Por encima del ruido de los hombres
una larga ilusión se fue rodando,
y dio a inclinar la sombra de mi mente
en el rayo de luz de tu regazo.

como corola al viento,
todo el cosmos abrióseme a mi paso,
y se quedó en el pétalo más rosa
de esta flor de ilusión que hasta ti alargo...



Julia de Burgos

martes, 26 de enero de 2010

Me gusta andar de noche...




Me gusta andar de noche las ciudades desiertas,
cuando los propios pasos se oyen en el silencio.

Sentirse andar, a solas, por entre lo dormido,
es sentir que se pasa por entre un mundo inmenso.


Todo cobra relieve: una ventana abierta,

una luz, una pausa, un suspiro, una sombra...
Las calles son más largas, el tiempo también crece.

¡Yo alcancé a vivir siglos andando algunas horas!



Concha Méndez

lunes, 25 de enero de 2010

Se juntan desnudos



Dos cuerpos que se juntan desnudos
solos en la ciudad donde habitan los astros

inventan sin reposo el deseo.
No se ven cuando se aman, bellos
o atroces arden como dos mundos

que una vez cada mil años se cruzan en el cielo.

Sólo en la palabra, luna inútil, miramos

cómo nuestros cuerpos son cuando se abrazan,

se penetran, escupen, sangran, rocas que se destrozan,

estrellas enemigas, imperios que se afrentan.

Se acarician efímeros entre mil soles

que se despedazan, se besan hasta el fondo,

saltan como dos delfines blancos en el día,

pasan como un solo incendio por la noche.

Jorge Gaitán Durán

viernes, 1 de enero de 2010

¿............



-Si te amara... qué sería?
-Una orgía!
-Y si él te amara?
Sería
todo un rituario, pero menos dulce.

Y si tú me quisieras?
La sombra sufriría
justos fracasos en tus niñas monjas.


Culebrean latigazos,

cuando el can ama a su dueño?
-No; pero la luz es nuestra.

Estás enfermo... Vete... Tengo sueño!

(Bajo la alameda vesperal

se quiebra un fragor de rosa).

-Idos, pupilas, pronto...

Ya retorna la selva en mi cristal!



César Vallejo

martes, 29 de septiembre de 2009

O poeta é um fingidor




O poeta é um fingidor.
Finge tão completamente
que chega a fingir que é dor
a dor que deveras sente.

E os que lêem o que escreve,
na dor lida sentem bem,
não as duas que ele teve,
mas só a que eles não têm.

E assim nas calhas de roda
gira, a entreter a razão,
esse comboio de corda
que se chama coração.


(traducción infiel:)

El poeta es un fingidor.
Finge tan completamente
que hasta finge que es dolor
el dolor que en verdad siente.

Y quienes leen lo que escribe,
sienten, en el dolor leído,
no los que el poeta vive
sino aquél que no han tenido.

Y así va por su camino,
distrayendo a la razón,
ese tren sin real destino
que se llama corazón.


Fernando Pessoa

martes, 22 de septiembre de 2009

Miedo




Yo no quiero que a mi niña
golondrina me la vuelvan;
se hunde volando en el Cielo
y no baja hasta mi estera;
en el alero hace nido
y mis manos no la peinan.
Yo no quiero que a mi niña
golondrina me la vuelvan.

Yo no quiero que a mi niña
la vayan a hacer princesa.
Con zapatitos de oro
¿cómo juega en las praderas?
Y cuando llegue la noche
a mi lado no se acuesta...
Yo no quiero que a mi niña
la vayan a hacer princesa.

Y menos quiero que un día
me la vayan a hacer reina.
La subirían al trono
a donde mis pies no llegan.
Cuando viniese la noche
yo no podría mecerla...
¡Yo no quiero que a mi niña
me la vayan a hacer reina!


Gabriela Mistral

lunes, 21 de septiembre de 2009

Canción del Amor Sincero




Prometo no amarte eternamente,
ni serte fiel hasta la muerte,
ni caminar tomados de la mano,
ni colmarte de rosas,
ni besarte apasionadamente siempre.

Juro que habrá tristezas,
habrá problemas y discuciones
y miraré a otras mujeres
vos mirarás otros hombres
juro que no eres mi todo
ni mi cielo, ni mi única razón de vivir,
aunque te extraño a veces.

Prometo no desearte siempre
a veces me cansaré de tu sexo
vos te cansarás del mío
y tu cabello en algunas ocasiones
se hará fastidioso en mi cara

Juro que habrá momentos
en que sentiremos un odio mutuo,
desearemos terminar todo y
quizás lo terminaremos,
mas te digo que nos amaremos
construiremos, compartiremos.

¿Ahora sí podrás creerme que te amo?



Raúl Gómez Jattin



miércoles, 16 de septiembre de 2009

Territorial (Fragmento)



Sólo tengo este cuerpo. Estos ojos y esta voz.
Esta larga travesía de sueño cansada de morir.
Conservo el temor al atardecer.
No se comunica con nadie.

Por mi modo de andar
algo descubierto un poco esperando
cambio frecuentemente de parecer
conmigo no puedo vivir segura.

Habito un jardín de palabras
que han dejado de nombrarme
para nombrarla. No me atrevo
pero es necesario decirlo. Es un secreto.
En realidad somos dos.

Ahora debo inventar a la otra.



Blanca Wiethuchter

viernes, 11 de septiembre de 2009

Sequía




En espera, tendida como yerba
que apresura su flor en la sequía,
oigo, el viento quebrado,
el espiral, la seña.

Quiero decir ahora,
que yo amo la vida:
que si me voy sin flor,
que si no he dado fruto en la sequía,
no es por falta de amor.

Quiero decir que he amado
los días de sol, las noches,
los árboles, el viento, la llovizna.



Dolores Castro

Cuando Regreses

Cuando regreses no hallarás siquiera
las huellas del pasado.
En el parque los cisnes se murieron
y las verbenas rojas se secaron.

Esos versos liliales que me oías
cogiéndome las manos,
cambiáronse por otros calcinantes
que visten mi alma de ropaje cárdeno.

Y esas dulces promesas que en tus brazos
hacíasme temblando,
son una cuerda rota en mis oídos
y ni un eco doliente me dejaron.

Naufragaron también en mis pupilas
tus ojos de gitano,
y en mi boca se helaron en silencio
las huellas calcinantes de tus labios.

Cuando regreses no hallarás siquiera
vestigios del pasado.
En el parque los cisnes se murieron
y en mi boca tus besos se borraron.


Laura Victoria

La canción del Oeste




Jinete sin cabeza,
jinete como un niño buscando entre rastrojos
llaves recién cortadas,
vívoras seductoras, desastres suntuosos,
navíos para tierra teltamente de carne,
de carne hasta morir igual que muere un hombre.

A lo lejos
una hoguera transforma en ceniza recuerdos,
noches como una sola estrella,
sangre extraviada por las venas un día,
Furia color de amor,
Amor color de olvido,
aptos ya solamente para triste buhardilla.

Lejos canta el oeste,
aquel oeste que las manos antaño
creyeron apresar como el aire a la luna;
mas la luna es madera, las manos se liquidan
gota a gota, idénticas lágrimas.

Olvidemos pues todo, incluso al mismo oeste;
olvidemos que un día las miradas de ahora
lucirán a la noche, como tantos amantes,
sobre el lejano oeste,
sobre amor más lejano.


Luis Cernuda

José Asunción Silva da en el blanco




Un círculo rojo trazado en la camisa
a la altura del pecho izquierdo, entre dos costillas
para que cruce sin error el plomo.
Tanta pulcritud de neurótico para apurar la cacería,
tanta especial delicadeza
para acabar en un instantáneo y absoluto cero.
¡Tanta poesía apuntando para no errar el tiro!


Joaquín Giannuzzi

Tergiversaciones I




Porque me ven la barba y el pelo y la alta pipa
dicen que soy poeta..., cuando no porque iluso
suelo rimar -en verso de contorno difuso-
mi viaje byroniano por las vegas del Zipa...,

tal un ventripotente agrómena de jipa
a quien por un capricho de su caletre obtuso
se le antoja fingirse paraísos... al uso
de alucinado Pöe que el alcohol destripa!,

de Baudelaire diabólico, de angelical Verlaine,
de Arthur Rimbaud malévolo, de sensorial Rubén,
y en fin... hasta del Padre Victor Hugo omniforme...!

¡Y tánta tierra inútil por escasez de músculos!
¡tánta industria novísima! ¡tánto almacén enorme!
Pero es tan bello ver fugarse los crepúsculos...



León de Greiff

miércoles, 26 de agosto de 2009

El hueco




Mis versos dicen.
Hueco
único sitio habitable.
Casas.
Casas.
Casas.
Huecos interrumpidos por paredes y puertas.
Huecos divididos en cuartos.

Mi vida
mi vida transeúnte
está llena de las troneras
de las horribles cavernas
que las casas les hacen a los huecos.

Y ya no puedo
borrar en mí la sensación
de los huecos de la ciudad
encerrados en los cajones de los cuartos.



Luis Vidales

jueves, 13 de agosto de 2009

Nocturno I




Oh dulce niña pálida, que como un montón de oro
de tu inocencia cándida conservas el tesoro;
a quien los más audaces, en locos devaneos,
jamás se han acercado con carnales deseos;
tú, que adivinar dejas inocencias extrañas
en tus ojos velados por sedosas pestañas,
y en cuyos dulces labios -abiertos sólo al rezo-
jamás se habrá posado ni la sombra de un beso...
Dime quedo, en secreto, al oído, muy paso,
con esa voz que tiene suavidades de raso:
si entrevieras dormida aquel con quien tú sueñas,
tras las horas de baile rápidas y risueñas,
y sintieras sus labios anidarse en tu boca
y recorrer tu cuerpo, y en tu lascivia loca
besar tus pliegues de tibio aroma llenos
y las rígidas puntas rosadas de tus senos;
si en los locos, ardientes y profundos abrazos
agonizar soñar de placer en sus brazos,
por aquel de quien eres todas las alegrías,
¡Oh dulce niña pálida!, di, ¿te resistirías?


José Asunción Silva

De qué silencio eres tú, Silencio



¿De qué silencio eres tú silencio?
¿De qué voz, qué clamor, qué quién responde?
Abismo azul, ¿qué hacemos en tu seno,
hijos de la palabra como somos?
¿Qué tienes tú que ver, di, con nosotros?
¿Cómo si eres ajeno, así nos tientas?
¿Habría sed de no haber agua cierta?
¿O quién vistióme de piedad los ojos?
¿Puedo poseer, pequeña, don inmenso
que faltase a los cielos y a las aguas?
Y él ¿podría morir, sobreviviendo
menor que él, todo fulgor del cielo,
quedar la tierna luz indiferente
al fuego que, irradiando, ha suscitado?



Fina García Marruz

sábado, 1 de agosto de 2009

General




General

-no importa cuál,
da lo mismo,
es igual-:
Para ser General,
como usted, General,
se necesita
haber sido nombrado General.
Y para ser nombrado General,
como usted, General,
se necesita
lo que usted no le falta, General.
Usted merece bien ser General,
llena los requisitos, General.
Ha bombardeado aldeas miserables,
ha torturado niños
ha cortado los pechos de las madres
rebosantes de leche,
ha arrancado los testículos y lenguas,
uñas y labios y ojos y alaridos.
Ha vendido mi patria
y el sudor de mi pueblo
y la sangre de todos.
Ha robado, ha mentido, ha saqueado,
ha vivido
así, de esta manera, General.

General
-no importa cuál-:
para ser General,
como usted, General,
hay una condición fundamental:
ser un hijo de puta,
General.


Manuel José Arce

Cobardía




Pasó con su madre. ¡Qué rara belleza!
¡Qué rubios cabellos de trigo garzul!
¡Qué ritmo en el paso! ¡Qué innata realeza
de porte! ¡Qué formas bajo el fino tul!...
Pasó con su madre. Volvió la cabeza:
¡me clavó muy hondo su mirada azul!

Quedé como en éxtasis...
Con febril premura,
<<¡Síguela!>>, gritaron cuerpo y alma al par.
...Pero tuve miedo de amar con locura,
de abrir mis heridas, que suelen sangrar,
¡y no obstante toda mi sed de ternura,
cerrando los ojos, la dejé pasar!



Amado Nervo