
a la altura del pecho izquierdo, entre dos costillas
para que cruce sin error el plomo.
Tanta pulcritud de neurótico para apurar la cacería,
tanta especial delicadeza
para acabar en un instantáneo y absoluto cero.
¡Tanta poesía apuntando para no errar el tiro!
Joaquín Giannuzzi
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