
Jinete sin cabeza,
jinete como un niño buscando entre rastrojos
llaves recién cortadas,
vívoras seductoras, desastres suntuosos,
navíos para tierra teltamente de carne,
de carne hasta morir igual que muere un hombre.
A lo lejos
una hoguera transforma en ceniza recuerdos,
noches como una sola estrella,
sangre extraviada por las venas un día,
Furia color de amor,
Amor color de olvido,
aptos ya solamente para triste buhardilla.
Lejos canta el oeste,
aquel oeste que las manos antaño
creyeron apresar como el aire a la luna;
mas la luna es madera, las manos se liquidan
gota a gota, idénticas lágrimas.
Olvidemos pues todo, incluso al mismo oeste;
olvidemos que un día las miradas de ahora
lucirán a la noche, como tantos amantes,
sobre el lejano oeste,
sobre amor más lejano.
Luis Cernuda
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